Walden fue uno de esos libros que adelanté recordaré como los que definieron mi filosofía de vida. Para quienes no la conocen es la historia de una persona que se va a vivir en una mini casa, construida por él, al lado de una laguna en autosuficiencia. Obviamente cuando me enteré que me venía a vivir a Boston un año, visitar la famosa Walden Pond donde Thoreau vivió por dos años, dos meses y dos días quedó resaltado en la parte alta de mi bucket list.
Walden te muestra un estilo de vida diferente. Increíble que esto sea una idea revolucionaria cuando se supone que vivimos en la sociedad libre que nos permite ser y hacer lo que queramos pero en la que sospechosamente todos escogemos la misma vida y nadie está conforme con su decisión.
Una vida radicalmente diferente como la que propone David Henry Thoreau en Walden implica una definición radicalmente diferente de lo que es el trabajo. Thoreau la demuestra en Walden, este libro la desmenuza y explica para mortales, aterrizada a nuestra vida de hoy, mostrándonos todas sus implicaciones. ¿Para qué es que trabajamos? Doce horas al día y hace años que no me lo cuestiono.
Libro doloroso, porque reflexionar sobre nuestra vida no tiene a ser muy placentero. Cuestionarse lo que no me quiero cuestionar siembra las semillas para los cambios extremos que uno sabe que necesita pero que no esta obligado a tomar. Tomarlos es sufrir hoy, patearlos es guardarlos debajo del colchón y seguir tranquilito.
Lo malo es que en algún momento, la reflexión llega, usualmente en la vejez cuando ya no hay mucho más que hacer, y que ahí no te pase lo que alertó Thoreau después de su experimento en la cabaña frente al pozo, llegar al final de la vida y darse cuenta de que no has vivido.