De vez en cuando, usualmente después de una conversación, o de aprender algo nuevo, me identifico con esa caricatura del burro que quiere ser libre pero no se mueve porque cree que está atado al sentir la cuerda en el hocico pero que realmente no está atado a nada porque la cuerda está simplemente puesta sobre el piso.
Bueno, leer este libro fue uno de esos momentos donde me convierto en el burro y por un momento soy libre.
La ficción es libertad. ¿Quién dijo que no puedo escribir una reseña de un libro que no existe? Aquí viene Borges y lo hace con gusto. ¿Quién dijo que no puedo estirar la realidad en mis historias, estirarla tanto hasta volverla tan delgadita que se pierda el límite con la ficción? Estos cuentos son libertad. Son un recuerdo de que la ficción es la manera más libre de transmitir la realidad más tangible.
Son dieciséis cuentos. Me retorcieron el cerebro, me reí, me confundí, me perdí y me volví a encontrar en estas historias. Fascinantes, buenísimas. Las analogías te dejan mirando el techo, sonriente y pensativo. Finales de película, esto no lo veía venir, no look pass, el cambio de frente inesperado. Buenísimos. A veces la mejor manera de entender el mundo es que te digan que no te están hablando del mundo. Te garantizo que te vas a divertir.
Gracias Borges por mostrarme que la otra punta de la cuerda estaba suelta. Tantas ideas que quiero contar y que tengo (o tenía) atascadas por creer que estaba encerrado en las reglas de la realidad.
Podés escribir lo que querás Juan, como querás. Ya hay suficientes reglas que seguir en la vida real. Rompélas un poquito en tus ficciones.